martes, 7 de abril de 2015

LEER, ¿SIN LEER?

Cada vez más carece de sentido promover la lectura en nuestras escuelas. Salvo contadas excepciones, la mayoría de las escuelas enseñan a LEER SIN LEER.
Las instituciones escolares viven graves dificultades para lograr que los alumnos se acerquen voluntariamente a los materiales escritos, y para hacer de ellos lectores entusiastas.
En el aula se aprende a LEER SIN LEER, es decir, sin construir significados, no se dota de sentido al texto con el que se enfrentan los niños. Esto explica la idea que se tiene respecto a que el niño debe estar dispuesto a la lectura de cualquier cosa, aunque esta cosa carezca de significado, sólo adquiere relevancia el perfeccionamiento de la lectura.
Pocos maestros reflexionan acerca de lo que debería representar este acto cotidiano en las escuelas: interés, emoción, curiosidad, placer y gozo. Es importante recordar que los loros pueden aprender palabras e incluso frases y repetirlas en voz alta, pero eso no quiere decir que sepan hablar.
En este sentido, muchos niños han aprendido a leer sin leer. La razón aparente es que se concibe esta acción como mecánica, es decir, el niño pasa los ojos sobre lo impreso, lo recibe lo registra y traduce las grafías a sonidos, esto es, decodifica las palabras de un texto. Es necesario entender y compartir que leer consiste en escuchar, procesar el lenguaje, construir significados, relacionar lo que ya sabemos con lo que se está recibiendo; no solo  es descifrar, también es interpretar.

Podemos concluir que, la ausencia de la lectura y escritura significativa y con sentido en el ambiente escolar, es un gran problema escolar.