LEER, ¿SIN LEER?
Cada vez más carece de sentido
promover la lectura en nuestras escuelas. Salvo contadas excepciones, la
mayoría de las escuelas enseñan a LEER SIN LEER.
Las instituciones escolares viven
graves dificultades para lograr que los alumnos se acerquen voluntariamente a
los materiales escritos, y para hacer de ellos lectores entusiastas.
En el aula se aprende a LEER SIN
LEER, es decir, sin construir significados, no se dota de sentido al texto con
el que se enfrentan los niños. Esto explica la idea que se tiene respecto a que
el niño debe estar dispuesto a la lectura de cualquier cosa, aunque esta cosa
carezca de significado, sólo adquiere relevancia el perfeccionamiento de la
lectura.
Pocos maestros reflexionan acerca
de lo que debería representar este acto cotidiano en las escuelas: interés,
emoción, curiosidad, placer y gozo. Es importante recordar que los loros pueden
aprender palabras e incluso frases y repetirlas en voz alta, pero eso no quiere
decir que sepan hablar.
En este sentido, muchos niños han
aprendido a leer sin leer. La razón aparente es que se concibe esta acción como
mecánica, es decir, el niño pasa los ojos sobre lo impreso, lo recibe lo
registra y traduce las grafías a sonidos, esto es, decodifica las palabras de
un texto. Es necesario entender y compartir que leer consiste en escuchar,
procesar el lenguaje, construir significados, relacionar lo que ya sabemos con
lo que se está recibiendo; no solo es
descifrar, también es interpretar.
Podemos concluir que, la ausencia
de la lectura y escritura significativa y con sentido en el ambiente escolar,
es un gran problema escolar.
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